lunes, 21 de junio de 2010

PALABRAS PARA UN DUELO EN MITAD DE LA PARRANDA


Aquí están las palabras, broderazo,
mi llave, mi uña y mugre, mi carnal,
las inútiles palabras que extiendo como una
mano, para salvarte y para salvarme.
Jorge García Usta, nieto de Damasco,
ciudadano de azoteas, confidente de los patios,
tambor en las iglesias, apóstol de parrandas
en los predios del tedio y de la muerte.
Hay una foto de la que no quiero irme, hermano,
una azotea donde las estrellas pesan menos,
una calle sin esquinas ni umbrales donde
la palabra adiós no encuentre rama.
Ahí vienes con tu risa desbordada de pájaro entre
muros, anegando estadios, desterrando penas.
Y tu pecho henchido de deber, y la estatura de tu fe
como barro suficiente para todas las llagas,
en este mundo de ciegos guiados por ebrios y
locos.
Porque no hay mar suficiente, ni verbo, ni ventana.
En otros solares probaremos en botellas la puntería de
nuestras piedras, en otras ramas inventaremos nuestra
casa, los mangos más dulces nos esperan ( los ajenos,
los del susto y la carrera).
Qué extraña forma tienes, viajero, de irte para quedarte,
qué llenas nuestras manos aunque parezcan vacías.

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